Marihuana: una prohibición cara, ineficaz… e inmoral

“No hay nada más poderoso que una idea a la que le ha llegado su tiempo”. Víctor Hugo.

¿De qué forma puede afectar la estrecha moral de un funcionario estadounidense del siglo XX en la salud de un niño epiléptico español del silo XXI? Es el efecto mariposa en su versión más dañino.

La primera campaña mundial contra el consumo de marihuana la promovió Harry J. Anslinger director de la agencia antinarcóticos en los años 30 del siglo pasado, y fue una medida netamente racista. La marihuana -aseguraba Anslinger- convierte al hombre en un sátiro, un violento, un violador…

¿Has leído “hombre”? En realidad queríamos decir “negro” o “mexicano”, pues estas eran las minorías que en la América de la época consumían mayoritariamente la planta. “La principal razón para prohibir la marihuana es su efecto sobre las razas degeneradas”, dicen que dijo.

El WASP siempre fue más dado a la cerveza, el bourbon y la ginebra, bebidas espirituosas que, como bien sabemos, no desencadenan la violencia ni la concupiscencia del consumidor.

Contra todo pronóstico aquella vetusta prohibición, basada a partes iguales en ignorancia y prejuicios raciales, pervive aun día en la mayor parte del mundo emergido, por más que esto haya empezado a cambiar muy recientemente.

España y la prohibición

España siempre ha estado del lado de la prohibición del cannabis y sus derivados, aunque con matices: el fuerte arraigo del consumo en muchas zonas del país, sumada a la sana falta de respeto del español hacia la autoridad, ha hecho que la prohibición sea aquí más laxa que en el resto de países del entorno.

Aun con todo, miles de personas penan en las cárceles españolas por un delito que -como ya dictaminó el jurista Antonio Escohotado hace varias décadas- no existe víctima alguna: vendedor y comprador, cultivador y fumador, desean igualmente realizar la transacción y acuerdan un precio, pero una tercera persona -el Estado- declara ilícito el comercio y manda a galeras a sus actores. Una indecencia.

Pero si la persecución del libre consumo de una planta es indecente (e ineficaz, pues cualquiera puede conseguirla en el mercado negro con poca maña que tenga), privar a los enfermos de su medicina u obligarlas a recurrir a la clandestinidad para conseguirla, es directamente inmoral.

Cannopia nace como medio de comunicación para dar voz a la Resistencia, a quienes reivindicamos nuestra soberanía de la piel para dentro.

2018-10-18T16:17:10+00:0018/10/2018|Activismo, Cannopia|

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