La G8 era posiblemente nuestra variedad más conocida antes de salir al mercado en 2019. Fue creada hace 6 años (2013) y ha sido probada durante este tiempo en varios terrenos -y batallas- que os detallaremos en este especial dedicado a nuestra semilla estrella. Para conocer a fondo los entresijos de la G8, que mejor que hablar con su creador, que aunque siempre reacio a salir a la luz para contar los secretos de su alquimia, ha accedido a hablarnos gustosamente.

Le pedimos que nos hable del origen genético de los dos parentales. Nos cuenta que la madre es una Super Silver Haze de origen holandés seleccionada a finales de la década de los 90 a partir del método más frecuente en aquella época: adquisición de semillas de un banco holandés (en aquel momento había pocos sobradamente conocidos). Por motivos varios aquella genética original desapareció en origen, mientras que aquí se había mantenido en diversos grupos de trabajo de los de aquella época (de un modo underground y amateur, que se fue profesionalizando luego con los años y la constancia). Era conocida la “Super Silver Bilbo” por ejemplo; la nuestra es conocida como “JYD Haze” y puede rastrearse su aportación genética desde hace años en distintos cruces.


Campo repleto de ejemplares de G8 en plena maduración

El macho usado fue un ejemplar seleccionado de una G13 canadiense, obtenida usando el método anterior: selección a partir de un lote de semillas obtenidas en esta ocasión al otro lado del Atlántico. Entre los motivos para probar esta genética en aquellos tiempos se puede hablar del misterio que irradiaba supuestamente su leyenda, que contaba que se trataba de una planta de marihuana desarrollada en secreto por el Ejército norteamericano para insuflar valor y decisión a sus tropas desplegadas durante la Guerra de Vietnam. En cuanto a los motivos para su uso en el breeding que dio lugar a la G8, su creador menciona que “era ideal como macho puesto que al cruzarse con la hembra de JYD Haze comprobamos que se mantenía lo que nos gustaba de ese fenotipo sativoso de la Super Silver clásica, pero aumentando la producción y bajando de los 81 días de floración (que llegaba a necesitar la madre), a 68”.

PRUEBA DE FUEGO: Batalla en exterior contra la tormenta veraniega

La G8 se ha probado en interior y exterior, con varios climas y entornos en los que se ha comprobado su resistencia. En interior, su creador nos comenta que «conviene trabajar a base de podas desde el primer mes de crecimiento vegetativo, especialmente si no se dispone de mucho espacio…De hecho puede ponerse a floración a las 3-4 semanas, algo no demasiado frecuente en genéticas más débiles o incluso normales. La primera etapa de la floración se completa en otros 30 días, y las dos siguiente hasta la maduración en 38”. En todo caso es una variedad de predominancia Sativa rápida y productiva si se sabe controlar en interior su vigor vegetativo.

G8
La G8 destaca por su vigor, con grandes hojas de las que piden sacarse una foto comparando con la mano. Tallos igualmente gruesos, duros y resistentes, con tonos rojizos. Es una maquina…

La principal batalla que podemos contar es la librada por una G8 cultivada en exterior en el norte de la península ibérica, en una huerta cerca del mar. El clima es oceánico suave aunque variable y ese año fue normal, con mas horas de sol en verano que los plomizos meses de invierno; no hablamos de un clima precisamente tropical ni mediterráneo. A finales de agosto había estado haciendo calor y había humedad, la G8 había superado ya los dos metros, la poda y atención no fue demasiado regular.

A principios de septiembre sucedió una anécdota que en el momento parecía solo negativa, pero ahora vista con el tiempo nos permite aprender algunos consejos para trabajar con la G8 en exterior. El caso es que una tormenta de verano extrema podó por la fuerza la punta central, dejando quebrada casi un metro. Cualquier cultivador entenderá la desazón de ver una planta cerca de la fase final de floración arrancada en su cima. El grueso tronco quebrado, era como ver un accidente de trafico…pero el resto resistió, dos tercios en realidad, un mecanismo de defensa salvando el resto al quebrar esa cima.

La lección evidente es que hay que controlar el tamaño mediante poda o tutores si se quiere conservar una gran porra central y se carece de protecciones contra el viento. Hace unos años una galerna en un terreno adyacente casi arranca una planta similar de cuajo. La planta resistió y aunque desarrollo algunos hongos por la heridas y la humedad logro sobrevivir y madurar. El resultado fue bastante bueno a juicio del público, ya que llego a un club de consumidores de cannabis local y fue la más solicitada frente a otros pesos pesados más conocidos.

G8
La G8, a punto de ser cosechada.

Posteriormente la G8 ha sido probada por otros cultivadores en distintas partes del mundo, por ejemplo en Italia o Sudamérica. En ese clima más árido se aprecia que la formación de G8 adopta una forma regular, con un tipo clásico de estructura de “árbol de navidad”, con una gran cola central que como comentamos antes ha de ser “tutoreada” (se aprecia a la derecha de la imagen alguna 3 cola caída). La variación es en altura pero no excesiva, y se aprecia un fuerte crecimiento que puede ser controlado con la poda, limpiando la parte baja si queremos maximizar la cola; o en caso de optar por un modo de cultivo como el SOG o el SCROG.

Una variedad rica en CBG, un cannabinoide con gran potencial terapéutico

La G8 es una variedad con un curioso perfil de cannabinoides, donde destaca su gran porcentaje de THC (hasta un 23%) y su bajo nivel de CBD (menos del 1%), lo que garantiza un efecto que es realmente poderoso, muy psicoactivo, intenso y duradero. Sin embargo, también presenta un alto porcenaje de CBG o cannabigerol, un cannabinoide que se encuentra en una menor proporción en la mayoría de variedades del cannabis y que rara vez llega a superar el 1 %. En el caso de la G8, esta concentración aumenta hasta un sorprendente 1,5 %, lo que le otorga unas capacidades terapéuticas muy a tener en cuenta. De hecho, recientes investigaciones apuntan a que este cannabinoide puede ser una poderosa herramienta para la salud, no solamente por sus propiedades sino también porque no provoca ningún efecto psicoactivo.

Por ejemplo, se sabe que el CBG reduce la presión intraocular, por lo que podría ser un gran aliado para el tratamiento del glaucoma, un conjunto de enfermedades que provocan un daño progresivo e irreversible del nervio óptico. También posee propiedades anti-cancerígenas, ya que algunos estudios realizados en ratones demuestran que el cannabigerol contribuye a ralentizar la progresión del cáncer de colon, lo que supondría un importante avance en la lucha contra esta enfermedad. Además actúa como como anti-inflamatorio para tratar algunas dolencias, como por ejemplo la Enfermedad de Crohn; y tiene características neuroprotectoras que podrían ser muy eficaces para el tratamiento de, por ejemplo, la enfermedad de Huntington. Incluso puede ser un gran aliado contra las infecciones por hongos y para el tratamiento de enfermedades de la piel, como la psoriasis.

Hay que tener en cuenta que este cannabinoide, que muchos consideran como el que más potencial terapéutico alberga (incluso por delante del CBD), no embriaga pero sí potencia las cualidades de otros gracias al llamado «efecto séquito». Esto hace del CBG, sin ninguna duda, un cannabinoide que está llamado a tener un gran futuro en el cultivo de variedades con fines medicinales. Y de la G8, una planta con la suficiente demanda para desarrrollar genéticas con un nivel de cannabigerol alto que puedan contribuir a popularizar este compuesto entre el gran público.