Se trata de 100 hectáreas de cannabis no fiscalizado que han sido plantadas por 88 productores hortícolas, que han destinado este primer año una parte de su explotación al cultivo de variedades ricas en CBD y con un porcentaje de THC que no supera el límite legal en nuestro país, que es del 0,2%. La cosecha ya está lista para su distribución.


Los invernaderos de Almería son una de las pocas construcciones humanas que se pueden ver desde el espacio, un mar de plástico que ha convertido desde los años 80 una región tradicionalmente árida en una huerta gigante que abastece de frutas y verduras al continente durante todo el año. De hecho, El Ejido, en la comarca del Poniente de la provincia de Almería, es el municipio que en el mundo acoge la mayor concentración de invernaderos, con un total de 12.446 hectáreas, de las 30.007 hectáreas totales que existen en la provincia.

Pero, ¿y si el futuro de nuestros invernaderos pasara por el cultivo del cannabis para uso terapéutico o incluso recreativo? Precisamente en El Ejido está la base de operaciones de un grupo de promotores privados que han acogido esta idea con fuerza y llevan meses asesorando a los agricultores que se han animado al cultivo de este cannabis rico en CBD y con bajo porcentaje de THC (< 0,2%), asesoramiento que tienen que ver tanto con las cuestiones legales en torno a los permisos para realizar la actividad así como con las operativas agronómicas de todos los aspectos de la plantación.

Este grupo de casi un centenar de agricultores acaban de terminar en octubre de 2020 con el proceso productivo y de secado de cerca de las 100 hectáreas de cultivo de cannabis terapéutico que han plantado durante esta temporada. Y el resultado ha sido espectacular, con una producción de flor seca con bajo contenido en THC (entre 0,1 y 0,2%), altos niveles de CBD (entre 8 y 10%), de sabor fresco e intenso y aroma embriagador.

Además, este grupo de asesores también ponen en contacto al agricultor con el cliente final, que va desde empresas de transformación y extracción de CBD hasta compañías que se dedican a la comercialización de productos a base de hierbas para fumar, como es la industria de los cigarros sin THC (máximo 0,2%), pero sí con otros cannabinoides permitidos como el CBD.

En consecuencia, estos clientes finales pueden ser muy heterogéneos. Por un lado, la industria relacionada con el aspecto terapéutico del cannabis, como son los productores de aceites medicinales, el sector de la cosmética con CBD o las compañías farmacéuticas. Pero al tratarse de cannabis con un bajo porcentaje de THC, y por tanto no fiscalizado internacionalmente (en consecuencia no es droga a efectos penales), desde el punto de vista del agricultor se abre un doble abanico que va más allá de estas empresas transformadoras de biomasa, pues también pueden acometer la venta de flores secas para el consumo, sobre todo para la exportación a países donde este mercado está legalizado, (como ocurre en Suiza o Italia).

De hecho se trata del conocido como “cannabis light”, con un porcentaje de THC psicoactivo que es legal según la legislación española vigente, ya que si se aparta de la ecuación este THC, el cannabis no fiscalizado a efectos del Código Penal es igual que un cultivo de perejil o de tomate.